Una obra bien
planificada.
No empezamos por acabados. Empezamos por estado actual, uso, condicionantes, dependencias entre oficios y decisiones que deben quedar cerradas antes de ejecutar.
Cuatro fases para reducir incertidumbre.
La metodología sirve para que cada decisión tenga un motivo y para que la obra avance en una secuencia comprensible.
Estado actual
- Uso y prioridades.
- Distribución y medidas.
- Instalaciones y soportes.
- Patologías y condicionantes.
Alcance
- Qué se conserva.
- Qué se sustituye.
- Partidas necesarias y opcionales.
- Materiales y decisiones críticas.
Secuencia
- Dependencias entre oficios.
- Suministros y tiempos.
- Protecciones y accesos.
- Puntos de control.
Comprobar antes de cerrar
- Revisión de soportes y preparaciones.
- Instalaciones antes de quedar ocultas.
- Encuentros, juntas y remates.
- Correcciones antes de avanzar de fase.
Lo que debe mantenerse bajo control.
La obra no se dirige solo comprobando acabados al final. Hay decisiones que solo pueden validarse cuando todavía están abiertas.
Instalaciones antes de cerrar
Recorridos, previsiones y puntos deben comprobarse antes de revestir o cerrar paredes y techos.
Control previo—Impermeabilización y soporte
Baños, terrazas y fachadas necesitan resolver agua y soporte antes de que el acabado oculte el sistema.
Control técnico—Encuentros y remates
Carpinterías, juntas, cambios de material, zócalos y coronaciones condicionan durabilidad y lectura final.
Detalle—Cambios y desviaciones
Si aparece una condición no prevista, se redefine su impacto en alcance, coste y secuencia antes de continuar.
Decisión—Cuanta más información haya al principio, menos se improvisa después.
El primer contacto solo necesita el estado actual y lo que quieres resolver. A partir de ahí se determina qué hace falta comprobar.
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